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jueves, 4 de julio de 2019

La lectura de hoy. Valor seguro, de Sara Paretsky



"El sol deslumbrante se reflejaba en los remolinos del lago con un brillo cobrizo. las amas de casa, los niños y los detectives son las únicas personas que están en la calle a esta hora del día"

Cuando Dashiell Hammett, y especialmente, Raymond Chandler publicaron sus obras, crearon un estereotipo: el detective privado duro, sagaz, solitario, que vive al día, cínico y despreciativo hacia los poderosos y con un fuerte código ético personal. 
Chandler introdujo otro aspecto icónico en este tipo de relatos: la narración en primera persona por parte del detective. 
Muchos autores han seguido, a lo largo de los años con este modelo. A comienzos de los 80 Sara Paretsky, en esta linea, y cambiando el rol de la mujer en ese sub género, nos presenta, en Valor seguro, a V. I. Warshawski, una sagaz detective privada de Chicago que nada tiene que envidiar a sus pares más célebres, como por ejemplo Philip Marlowe. 
Y la comparación no es casual. En su libro Talking about Detective Fiction, la gran P. D. James afirmaba que Warshawski era una "emulación consciente del mito del detective privado solitario y su solitaria campaña contra la corrupción de los poderosos", aunque "con una humildad, una humanidad y una necesidad de relaciones humanas de las que carecen las figuras masculinas de la escuela hard - boiled".
Nos encontramos, entonces, con una novela entretenida, muy fácil de leer, con un lenguaje simple y directo, cargado a veces de humor e ironía, y con las dosis de acción, de crítica social, y de descripción de lugares, personajes, y situaciones, adecuadas; en la que la protagonista, - contratada inicialmente para investigar la desaparición de una joven - , descubre un cadáver, y, a partir de ahí, - y afrontando situaciones de peligro -,  debe desentrañar un complicado caso donde se ve involucrada gente de las altas finanzas, líderes sindicales, agentes de seguros, y mafiosos. 
Junto a ella, aparecen algunos interesantes personajes secundarios, aunque, en algunos casos, como en el de los matones con los que se enfrenta, éstos últimos sean bastante estereotipados. 
En definitiva, una muy buena opción de lectura, con una de esas detectives que nos gustan , que nos ofrece una autora  ya consagrada entre las mejores de la literatura policial contemporánea.




jueves, 31 de mayo de 2018

P.D.James y la novela de detectives.


Brillante escritora de novelas policiales, - creadora del detective/poeta Adam Dalgliesh-, la inglesa P.D.James, también realizó un concienzudo estudio sobre el género. Así, en su ensayo “Talking about Detective Fiction”, se refería a la novela de misterio:
"En el libro Aspectos de la novela, E.M.Forster escribe: “El rey murió y luego murió la reina” es una historia. “El rey murió y luego la reina murió de pena” es una trama. […] “La reina murió, nadie sabía por qué, hasta que se descubrió que fue de pena por la muerte del rey” es una trama con misterio, un enunciado que admite un desarrollo mayor.
Yo añadiría “Todo el mundo creyó que la reina había muerto de pena hasta que descubrieron la marca del pinchazo en el cuello.” Esto es un misterio sobre un asesinato, y también admite un desarrollo mayor.
Las novelas que giran en torno a un asesinato atroz y cuyos escritores se proponen explorar e interpretar el peligroso y violento submundo del crimen, sus causas, sus ramificaciones y su efecto tanto en los perpetradores como en las víctimas, pueden cubrir un espectro extraordinariamente amplio de escritura creativa que abarca las obras más excelsas de la imaginación humana….
Aunque la narrativa detectivesca también puede, en los momentos culminantes, operar en el límite peligroso de las cosas, se diferencia de la literatura en general y del grueso de las novelas de misterio en que presenta una estructura muy definida y se ajusta a unas convenciones establecidas. Lo que podemos esperar es un crimen misterioso, normalmente un asesinato, en torno al cual se centra todo; un círculo cerrado de sospechosos, todos ellos con móvil, medios y oportunidades para haberlo cometido; un detective, aficionado o profesional, que se aparece cual deidad vengadora para resolverlo; y, al final del libro, una solución a la que el lector debería poder llegar por deducción lógica a partir de las pistas introducidas en la novela mediante artificios engañosos pero sin olvidar las normas básicas del juego limpio. Esta es la definición que suelo dar cuando hablo de mi trabajo, pero, aunque no resulte del todo inexacta parece excesivamente restrictiva y más acorde con la llamada Edad Dorada de entreguerras que con la realidad actual….
Para que un libro sea descrito como narrativa detectivesca debe haber un misterio central, y un misterio que al final se resuelva de manera lógica y satisfactoria y no por mor de la buena suerte o la intuición, sino mediante un proceso de deducción inteligente a partir de las pistas presentadas con picardía, pero sin engaños.
Una de las críticas vertidas con más frecuencia sobre la narrativa detectivesca es que ese patrón impuesto es una mera fórmula que encorseta al novelista y coarta la libertad artística esencial para el proceso creativo, y que los matices de los personajes, el realismo del contexto e incluso la verosimilitud se sacrifican en favor del predominio de la estructura y la trama. Pero lo que a mí me resulta fascinante es la extraordinaria variedad de libros y escritores a los que esta fórmula ha sido capaz de adaptarse, y los innumerables autores que han hallado en las limitaciones y las convenciones de la narrativa detectivesca un medio liberador, y no constrictivo, de su imaginación creativa. Afirmar que uno no puede escribir una buena novela ciñéndose a la disciplina de una estructura formal resulta tan necio como decir que un soneto no puede ser buena poesía porque debe tener catorce versos – dos cuartetos y dos tercetos – y ajustarse a una estricta secuencia métrica. Además las novelas policiales no son las únicas que se ajustan a unas convenciones y una estructura establecidas…


¿Y por qué un asesinato? El misterio central de una historia de detectives no supone necesariamente que haya una muerte violenta, pero el asesinato sigue siendo el crimen por excelencia y provoca una repugnancia, una fascinación y un miedo atávicos. Es probable que un lector esté más interesado en descubrir cuál de los herederos de la tía Ellie puso arsénico en el chocolate que tomaba antes de acostarse que en saber quién le robó el collar de diamantes mientras disfrutaba de unas apacibles vacaciones en Bournemouth…”



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