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viernes, 6 de abril de 2018

Hoy recomendamos: La bestia debe morir, de Nicholas Blake


Voy a matar a un hombre. No sé cómo se llama, no sé dónde vive, no tengo idea de su
aspecto. Pero voy a encontrarle, y le mataré…





Así comienza la – quizás – más conocida obra de Nicholas Blake, “La bestia debe morir”
Compartimos el prologo que dedicó el escritor Juan Carlos Martini a una de las ediciones en español de dicha obra:
Nicholas Blake (pseudónimo del escritor inglés Cecil Day Lewis) contribuyó al advenimiento de la que a su vez llamó novela criminal, con obras y personajes de notable envergadura, como La bestia debe morir, donde el culto Nigel Strangeways es llamado a defender a un hombre con el cual el lector simpatiza desde las primeras líneas gracias a una sabia propuesta de complicidad.
La bestia debe morir es una novela dividida en cuatro partes. La primera corresponde al diario del escritor de novelas policíacas Félix Lane, pseudónimo del personaje llamado Frank Cairnes. En este diario el escritor anuncia su propósito de asesinar al hombre que arrolló y mató con un coche a su hijo Martie Cairnes. Abandonados, por tanto, los presupuestos de la novela-problema, no se trata aquí de averiguar quién es el asesino. Cairnes/Lane conocerá pronto a quien terminó con la vida de su hijo. Lo que resta por saber entonces es si le matará o no. Y en el primero de los casos, si luego de hacerlo logrará escapar de la justicia o no. 
La bestia debe morir es una novela de impecable construcción, que armoniza el suspense con una regocijada escritura. En ella, las claves de astucia y erudición de los protagonistas principales, Cairnes y Strangeways, saltan hacia el lector como continuos guiños: otro juego inteligente que confirma la voluntad estilística y reflexiva de Blake en esta obra que parece ceñirse, palabra por palabra, a su propio convencimiento de la caída en desgracia de la novela problema.
La Bestia debe morir fue llevada a la pantalla, y en el cine argentino hay una muy buena versión filmada por Román Viñoly Barreto en 1952, con el gran Narciso Ibañez Menta en el papel principal



martes, 20 de marzo de 2018

Del libro a la pantalla: Hoy, Testigo de cargo


Testigo de Cargo es una excelente película filmada en 1957 por el gran director austríaco Billy Wilder. Está basada en una popular novela corta y luego obra de teatro de Agatha Christie. 
Cuenta con un gran reparto, donde destacan primerísimas figuras del cine, como Charles Laughton, Marlene Dietrich, Tyrone Power y Elsa Lanchester. 
Su trama es simple, Leonard Vole, un hombre agradable y simpático, es acusado del asesinato de una acaudalada señora que lo había dejado como beneficiario en su testamento. Las pruebas circunstanciales en su contra parecen abrumadoras, pero un prestigioso abogado se dispone a defenderlo.

Sobre la génesis de su obra, en su Autobiografía, Agatha Christie afirma:

“era una de mis piezas preferidas; me gustaba más que casi ninguna otra. Pero no quería escribirla; me aterrorizaba hacerlo. Peter Saunders, que tenía grandes dotes de persuasión, me forzó, me intimidó amablemente y me aduló con sutileza: 
- Por supuesto que puedes hacerlo 
- Pero no sé una palabra sobre procedimientos legales. Me haría un lío 
- Eso no es un problema. Tu estúdialo y luego tendremos a mano un abogado para corregir anomalías y supervisar que todo vaya bien. 
- No puedo escribir la escena de un juicio. 
- Claro que puedes, has visto representadas muchas escenas de ese tipo. Puedes estudiar vistas de causas. 
- No sé… No creo que pueda. 

Peter Saunders continuó diciendo que, por supuesto, podría, y que empezara pronto porque quería la obra rápidamente. Hipnotizada y, como siempre, sometida al poder de su sugestión, me leí cantidad de ejemplares de la serie Juicios Famosos, consulté con pasantes y abogados, y, al final me interesé sobre el tema. Me di cuenta de que estaba disfrutando, de repente, en uno de esos maravillosos momentos de tremenda inspiración que por lo general duran poco, pero que te llevan a la orilla como una larga ola. <Esto es fantástico; lo estoy haciendo; esto funciona; ahora, como va a seguir la cosa> Es el preciso momento de verlo todo claro, no en el escenario, sino en la mente. Ya está todo. La trama real, el juicio real – todavía sin el Old Bailey porque no había estado en él - todo el esquema de la escena ante el tribunal, grabado en mi mente. Veía al joven desesperado y nervioso sentado en el banquillo y a la misteriosa mujer que llega como testigo a declarar, no en favor de su amante sino apoyando al fiscal. Es una de las obras que he escrito con más rapidez”



Pese a que hay una investigación de asesinato de por medio, la película está narrada con mucho humor, por ejemplo, los cruces verbales y comentarios del juez, los abogados y algún testigo, durante el juicio.
Como si fuera una película dentro de otra, la interacción y los irónicos diálogos entre el abogado y su enfermera, interpretados magníficamente por Charles Laughton y Elsa Lanchester, (matrimonio en la vida real) son de antología, y, por si mismos, hacen que valga la pena ver esta película una y otra vez. 
Billy Wilder, que filmó esta película por pedido de Marlene Dietrich, atribuyó el éxito de la misma a la labor de Charles Laughton en el rol principal. 
Por último, cabe destacar la maestría con la que el director introduce elementos para reafirmar el suspenso o la acción dramática, al mejor estilo Hitchcock, como cuando, hace que el monóculo del abogado haga brillar la luz sobre el cuchillo. 
En definitiva, Testigo de Cargo es una magnífica obra que merece ser vista, y que, sin duda, disfrutarán todos los amantes del suspenso, y todos los amantes del buen cine.
Se la puede ver por You Tube On demand

miércoles, 21 de febrero de 2018

Diez Negritos, de Agatha Christie



Diez negritos se fueron a cenar.
Uno de ellos se asfixió y quedaron
Nueve….

DIEZ NEGRITOS es una de las más famosas novelas escritas por Agatha Christie.
Su argumento es simple: diez desconocidos son invitados a pasar un fin de semana en una isla. Allí comienzan a ser asesinados, uno por uno, de acuerdo a la letra de una canción infantil.
Aunque no es un relato de detectives, ya que no los hay, se plantea una situación común a las novelas de misterio, un grupo de personas reunidas en un lugar cerrado y obligadas a convivir, y en grado creciente, a afrontar miedos, sospechas, angustias y finalmente, sus propias muertes.

“A su pesar los invitados se fueron a sus habitaciones. Si hubiesen estado en una vieja casona con las escaleras y los suelos cimbreantes, con rincones llenos de sombras por todas partes y paredes artesonadas y oscuras, hubiesen podido sentir siniestros temores, pero no se encontraban en tal caso.
En esta vivienda ultramoderna, exenta de oscuros rincones, con luz eléctrica derramada a chorros, todo era nuevo, brillante, resplandeciente, nada podía esconderse de malo, faltaba por completo el ambiente de los viejos caserones atormentados.
Y, sin embargo, inspiraba a los reunidos un temor inexplicable.
Se desearon las buenas noches y entraron en sus respectivos dormitorios. Casi inconscientemente todos echaron la llave a su puerta”.

De fácil lectura, es una buena forma de introducirse en el género. La misma autora, rápidamente convirtió la novela original en una obra teatral, la cual, a su vez, fue llevada al cine en muchas ocasiones, siendo la realizada por el gran Rene Clair en 1945 la primera, - y a mi juicio-, la mejor. Y, aunque la isla fue reemplazada en las sucesivas versiones por hoteles en el desierto, safaris africanos o refugios alpinos, en general, en todas se respeta la trama original. La última versión para la pantalla se realizó hace un par de años atrás, en formato miniserie, lo que sirvió para reforzar la caracterización psicológica de los personajes y la carga dramática de la obra. 

Así se refiere la autora a su obra:
“Había escrito Diez negritos porque era tan difícil de realizar que la idea me fascinaba. Tenían que morir diez personas, sin caer en lo ridículo, y sin que se viera fácilmente quién era el asesino. Escribí el libro después de una planificación concienzuda y el resultado me gustó. Era claro, directo, de solución nada fácil, aunque la explicación fuera perfectamente razonable, tal como se aclaraba en el epílogo. La obra gustó y tuvo buena crítica, aunque quién se quedó realmente encantada fui yo misma, pues sabía mejor que ningún crítico lo que me había costado escribirla”

Un negrito se encontraba solo.
Y se ahorcó y no quedó...
¡Ninguno!

viernes, 16 de febrero de 2018

Drácula


“Bienvenido a mi casa. Venga libremente, váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo”


Con estas palabras, es recibido Jonathan Harker por su anfitrión…


No cabe duda que el Conde Drácula es uno de los personajes más conocidos e icónicos del cine de terror, y, las películas de vampiros constituyen, de por sí, todo un subgénero que nutre nuestras pantallas desde hace más de 90 años.
Si bien, hay muchas obras que abordan la temática, es con Drácula, de Bram Stoker, de cuya publicación se han cumplido 120 años, que, junto con el personaje homónimo, la literatura de vampiros adquiere su verdadera dimensión.
Narrada en primera persona por los distintos protagonistas, Drácula es una novela de fácil lectura, y atrapante. Y, si bien, hoy por hoy, no hay nadie que comience a leerla sin conocer la trama, esto no impide disfrutarla página por página.
El relato en primera persona, intercalando extractos de diarios personales, cartas y artículos periodísticos, nos permite compartir con los protagonistas, sus vivencias, opiniones, sentimientos, angustias y, sobre todo, sus miedos.
Compartamos lo que escribe Mina Harker en su diario:


“No puedo dejar de recordar cómo me quedé dormida. Recuerdo haber oído el ladrido repentino de los perros y un estruendo de sonidos extraños, como oraciones en una gama tumultuosa, procedentes de la habitación del señor Renfield, que se encuentra en alguna parte debajo de la mía. Luego, el silencio volvió a reinar, tan profundo, que me sobresaltó y me levanté para mirar por la ventana. Todo estaba oscuro y en silencio. Las negras sombras proyectadas por la luz de la luna parecían estar llenas de un misterio que les era propio. Nada parecía moverse, pero todo parecía lúgubre y tétrico, de modo que una ligera nubecilla de niebla blanca, que avanzaba con una lentitud que hacía que su movimiento resultara casi imperceptible, hacia la casa, por encima del césped, parecía tener una vitalidad propia. Creo que esos pensamientos, al hacerme olvidar los anteriores, me hicieron bien, puesto que al volver a acostarme sentí un letargo que me embargaba suavemente. Permanecí acostada un rato, pero no lograba conciliar el sueño, de modo que volví a levantarme y a mirar por la ventana. La niebla se estaba extendiendo y se encontraba ya muy cerca de la casa, de tal modo que la vi adosarse pesadamente a las paredes, como si estuviera trepando hacia las ventanas…..
Me sentí tan asustada, que me cubrí la cabeza con las sábanas, tapándome los oídos con los dedos. No tenía sueño en absoluto o, por lo menos, así lo creía, pero debo haberme quedado dormida, puesto que, con excepción de los sueños, no recuerdo ninguna otra cosa hasta la llegada de la mañana, cuando Jonathan me despertó. Creo que necesité cierto esfuerzo y tiempo para recordar donde me encontraba y que era Jonathan el que estaba inclinado sobre mí. Mi sueño era muy peculiar, y era algo típico, del modo como al despertar los pensamientos se entremezclan con los sueños. Creí que estaba dormida, esperando a que regresara Jonathan. Me sentía muy ansiosa por él y no podía hacer nada; tenía las piernas, los brazos y el cuerpo con un peso encima, de tal modo que no podía ejecutar ningún movimiento como de costumbre.
Así dormí muy intranquilamente, y seguí soñando cosas extrañas. Luego, comencé a sentir que el aire era pesado, húmedo y frío. Retiré las sábanas de mi rostro y, con gran sorpresa, vi que todo estaba oscuro. La lamparita de gas que había dejado encendida para Jonathan, aunque muy débil, parecía una chispita roja y diminuta a través de la niebla, que, evidentemente, se había hecho más densa y había entrado en la habitación. Entonces, recordé que había cerrado la ventana antes de acostarme. Deseaba levantarme para asegurarme de ello, pero una letargia de plomo parecía retener mis miembros y mi voluntad. Permanecí inmóvil; eso fue todo. Cerré los ojos, pero todavía podía ver con claridad a través de los párpados (es maravilloso ver qué trucos tienen los sueños, y de qué manera tan lógica trabaja a veces nuestra imaginación). La niebla se hacía cada vez más espesa, y ya podía ver cómo entraba en la habitación, puesto que la veía como si fuera humo..., o como el vapor blanco del agua en ebullición..., entrando, no por la ventana, sino por debajo de la puerta. Fue haciéndose cada vez más espesa, hasta que pareció concentrarse en una columna de vapor sobre la que alcanzaba a ver la lucecita de la lámpara de gas que brillaba como un ojo rojizo. Las ideas se agolparon en mi cerebro, al tiempo que la columna de vapor comenzaba a danzar en la habitación y entre todos mis pensamientos me llegaron las frases de las escrituras: "Una columna de vapor por las noches y de fuego durante el día." ¿Se trataba de algún guía espiritual que me llegaba a través del sueño? Pero la columna estaba compuesta tanto del guía diurno como del nocturno, puesto que el fuego estaba en el ojo rojo que, al pensar en él, me fascinó en cierto modo, puesto que, mientras lo observaba, el fuego pareció dividirse y lo vi como si se tratara de dos ojos rojos, a través de la niebla, tal y como Lucy me dijo que los había visto en sus divagaciones mentales, sobre el risco, cuando el sol poniente se reflejó en las ventanas de la iglesia de Santa María. Repentinamente, recordé horrorizada que era así como Jonathan había visto materializarse a aquellas horribles mujeres de la niebla que giraba bajo el resplandor de la luna, y en mi sueño debo haberme desmayado, puesto que me encontré en medio de la más profunda oscuridad.
El último esfuerzo consciente que hizo mi imaginación fue el de hacerme ver un rostro lívido que se inclinaba sobre mí, saliendo de entre la niebla. Debo tener cuidado con esos sueños, ya que pueden hacer vacilar la razón de una persona, si se presentan con demasiada frecuencia….
Hoy desperté más fatigada que si no hubiera dormido en absoluto……"

Finalizamos con una reflexión: Desde Nosferatu, de Murnau _ por razones legales no se pudo usar el nombre Drácula - en 1922, hasta la fecha, el cine se ha encargado de demostrar que, pese a los intentos del Dr Van Helsing y sus amigos, el Conde sigue siendo inmortal.

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