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sábado, 22 de septiembre de 2018

La lectura de hoy: Cecile ha muerto, de Georges Simenon

"Por la mañana seguía lloviendo; una lluvia dulce, triste, resignada como una viudez. no se la veía caer, no se la sentía, pero echaba un manto de laca fría, poniendo sobre el Sena millares de pequeños redondeles vivientes"


"Maigret se maravillaba, aunque no podía menos que encogerse de hombros, cada vez que se encontraba ante la resignación de los humildes, de los enfermos, ante los miles de seres que viven como reclusos, sin horizontes, en uno de esos alveolos de la gran ciudad; sabía, por experiencia, que la bestia humana se acomoda no importa a qué nido, con tal que pueda llenarlo con su calor, con su olor, con sus gestos cotidianos"

Simenon nos tiene acostumbrados a que disfrutemos con la lectura de un relato policial que, además, es toda una muestra casi sociológica de la vida y costumbres de los hombres y mujeres comunes, con los que trata Maigret en sus investigaciones.
En este caso, se trata de la investigación de un doble crimen: el de una avara y miserable mujer, y  el de su joven sobrina, esta última en las propias dependencias de la comisaría.
Nos encontramos con un Maigret irritable e introspectivo, que sufre en su conciencia por no haber atendido a la joven asesinada cuando ésta acudió a él.
En el transcurso de la investigación vamos conociendo a los vecinos de las víctimas, habitantes de un vetusto edificio de los suburbios parisinos, a los jóvenes parientes de las víctimas, que viven una vida sumida en la miseria, a oscuros abogados, y a empresarios de dudosa moralidad.
No falta la casi humorística descripción del paso de un cortejo fúnebre.
Por último, debemos agregar una aguda reflexión del protagonista sobre los criminales y sobre cómo entiende la investigación criminal.
En definitiva, una muy buena novela, que, como tantas otras del autor, recomendamos.

"Pero , durante el desarrollo de la investigación, hemos vivido en el medio del acusado. Hemos estado en su casa. Conocemos su casa, sus costumbres, su familia y sus amigos... Yo he hecho esta mañana la distinción entre el criminal antes y el criminal después. Y lo que nosotros tratamos de conocer es el criminal antes...Cuando lo ponemos en las manos del magistrado, se acabó. Rompe, casi siempre definitivamente, con su vida de hombre. Es un criminal nada más y los magistrados lo tratan como tal..."

martes, 4 de septiembre de 2018

La lectura de hoy: Maigret en casa de los flamencos, de Georges Simenon

"Y  Maigret se adentró de nuevo en la lluvia, en la oscuridad.
Esto no era una investigación. No había ningún punto de partida, ninguna base.
No había más que un puñado de seres humanos, cada uno de los cuales vivía su propia vida en la pequeña ciudad azotada por el viento.
Es posible que todos fueran sinceros. Pero también era posible que uno de ellos escondiera un alma atormentada, horrorizada hasta el paroxismo por el recuerdo de la fornida silueta que merodeaba aquella noche por las calles"



En esta ocasión, Maigret viaja a Givet, pequeño poblado sobre el Mosa, en la frontera entre Francia y Bélgica.
Su visita es oficiosa, para aclarar lo que parece ser un misterio, la desaparición de una joven mujer.
En medio de una fría lluvia, y con un río crecido, nuestro comisario es testigo de prejuicios y hostilidades, y de debilidades y miserias humanas, en un ambiente sombrío, con personas que no le despíertan simpatía aunque no deja de compadecerse de ellas.
Cuando se encuentra el cadaver de la desdichada joven, lo único que lo mueve es conocer la motivación de un crimen tan sordido como banal. 


miércoles, 22 de agosto de 2018

La lectura de hoy: Maigret y el perro canelo, de Georges Simenon

"Se oía el reloj de la vieja ciudad dar las horas y las medias. Cesaron los pasos y los conciliábulos en la acera. Ya sólo se oía la queja monótona del viento y la lluvia que golpeaba los cristales"



Leer una de las tantas novelas de Georges Simenon protagonizadas por el Comisario Maigret nos garantiza pasar un muy buen rato, entretenidos, involucrados en lo que vamos siguiendo página tras página, y, sobre todo, con la grata sensación de que estamos acompañados por un viejo amigo.
Es que se trata de historias sencillas, protagonizadas por gente común, y donde nuestro detective se mueve entre esa gente, habla con ellos, camina sus calles, ve y escucha, y sobre todo, se maneja con un gran sentido de empatía hacia los problemas y dramas humanos, desdeñando a los poderosos, apoyando a los más débiles, y, más que nada, tratando de que triunfe la justicia, aunque entendiendo ésta no necesariamente en su aspecto meramente legal.
En un pueblo costero, una fría y ventosa noche, un hombre es herido de bala. Maigret es enviado a investigar. En los siguientes días, y mientras aparece un perro del que nadie parece conocer su origen, se suceden una serie de episodios violentos que incluyen la muerte de otro hombre, y el miedo comienza a apoderarse de los habitantes del pequeño poblado. 
Con la intuición y la sagacidad con que nos tiene acostumbrados, nuestro "amigo" resuelve el caso, y nos quedamos más que satisfechos, sabiendo que nos volveremos a encontrar en una próxima lectura.

"Y Maigret se fue a lo largo de la estrecha calle, chapoteando por los charcos. Todo el pueblo le conocía ya. Las cortinas se movían cuando pasaba. los chiquillos dejaban de jugar para mirarle con un respeto lleno de temor"

jueves, 3 de mayo de 2018

La lectura de hoy: La esclusa número 1 de Georges Simenon


"Alguien se movió en la oscuridad de la portería; quizás la portera acabara de entrar. Al pisar la acera, recibió como un baño de calor, de claridad, de ruido, de polvo coloreado y de movimiento; el tranvía 13 se paró y en seguida volvió a arrancar. La campanilla de la taberna de la derecha sonó mientras los guijarros caían en el molino de la trituradora, y un pequeño remolcador con un triángulo azul silbaba con todas sus fuerzas, furioso, ante la puerta de la esclusa, que acababan de cerrarle en las narices".



Cuando acompañamos al inspector Maigret en uno de sus casos, sabemos que nos vamos a encontrar con gente común, que viven su vida cotidiana con sus dramas y alegrías, con problemas comunes, en calles y barrios comunes. 
El misterio a resolver, pasa a un segundo plano cuando caminamos esas calles que se nos hacen propias, cuando convivimos, aunque sea durante ese breve y maravilloso tiempo de la lectura, con esas personas.
Simenon nos muestra, una vez más, que ni la sordidez de un crimen, ni la gravedad de las tragedias, pueden opacar el sentido de humanidad y de cercanía con lo cotidiano con que encara cada una de sus novelas.

SINOPSIS:
Emile Ducrau ha estado a punto de morir ahogado. ¿Se trata de un simple accidente o de un intento de asesinato? En los muelles de Charenton, entre escluseros y marineros, el comisario Maigret se siente de buen humor: los primeros días de abril son magníficos, y además le atrae la personalidad de Ducrau. Este, dueño de un imperio de gabarras y del transporte fluvial del Sena, es un hombre truculento, cínico, y, al parecer, también sincero. 
Maigret y Ducrau - grande y corpulento como el comisario - tendrán que medir sus fuerzas hasta que finalice la investigación.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Maigret y la gente


Muchos escritores del género, - los mejores – trascienden el mero relato de una investigación detectivesca, y en sus obras podemos encontrar mucho más. Algo así pasa con las novelas del gran Georges Simenon, cuyo célebre Comisario Maigret, transita las calles de París como un hombre común, y cuyas historias transcurren en esas mismas calles, y entre esa misma gente. Así, el relato policial se convierte, además, en un relato de la vida cotidiana.

“ Era un trozo de calle banal, casi sin transeúntes, dos aceras, unas casas, algunos centenares de personas viviendo en las casas, hombres que salían por la mañana y volvían de noche, mujeres que llevaban la casa, niños que armaban jaleo, viejos que tomaban el fresco en las ventanas o en la puerta de la calle.
Había también una gorda de mirada infantil que jugaba a tener una pensión, un viejo que daba lecciones de canto a niñas aspirantes a la Ópera, un estudiante que se moría de hambre y luchaba contra el sueño con la esperanza de poner un día una placa de médico o de dentista en su puerta; una putita perezosa que leía novelas durante todo el día echada en su cama, y una joven mecanógrafa que se hacía traer de noche a casa en taxi; los Lotard con su bebé, los Saft que esperaban uno; el señor Kridelka, con aspecto de traidor de película y que probablemente era el hombre más dulce del mundo. Y había…..
Buenas gentes, como decía Mlle Clement. Gentes como hay en todas partes, que debían encontrar cada día dinero para comer, y cada mes la cantidad necesaria para pagar su alquiler.
Y había vecinos: el hombre que había salido por la mañana con una maleta de viajante, una mujer que sacudía su paño del polvo por la ventana y alguien que se quedaba con la luz encendida, más arriba, hasta muy tarde.
¿Qué se encontraría, si pasasen por la calle un peine espeso? Una mayoría, sin duda, de lo que suele llamarse gentes honradas. Ningún rico. Algunos pobres. Y, probablemente, también algún medio crápula.
Pero, ¿y el asesino?"[1]










[1] “Maigret en meublé” 1962, pag 189

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