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miércoles, 27 de marzo de 2019

La lectura de hoy: Martyrium, de Vicente Garrido y Nieves Abarca


"Caminó unos metros embebida en sus cavilaciones. Cuando se dio cuenta, estaba ya delante de la puerta de la iglesia. Las calaveras aladas que guardaban la puerta la saludaron desde lo alto con sus vacíos ojos y sus cráneos laureados, amedrentándola, como hacían siempre que entraba en aquel lugar sombrío.
Abrió la puerta, que chirrió levemente. Hasta que se acostumbró a la oscuridad, Angélica no pudo ver el recargado interior de la iglesia, envuelto en la penumbra. Solamente unas lámparas doradas y las velas encendidas iluminaban la crucifixión tras el altar. Entró con cautela, sus pasos apenas sonaron en el suelo
de mármol".


Planteada como secuela de Crímenes exquisitos, fiel a su estilo, y tan dura e intensa como aquella, Martyrium es una excelente novela, de esa que nos mantiene en vilo mientras recorremos frenéticamente sus 400 y pico de páginas.
Si en la novela anterior, se hacía referencia a Hitchcock, Martyrium, es, - toda -,  como ver un Giallo italiano de los 70, con sus abundantes dosis de sexo, violencia,  sadismo, y sangre, en una lúgubre Roma en carnaval, donde los asesinos se pasean enmascarados, ante la impotencia de la policía, y donde las iglesias se convierten en tumbas.
Nos encontramos con varias historias contadas en forma paralela,  y "en tiempo real", que incluyen desde trata de blancas y secuestros extorsivos hasta psicópatas asesinos, en un mundo  de corrupción y crimen donde se ven involucrados altos funcionarios y sacerdotes, y, donde, como en la novela anterior, juega un rol importante el arte; cobran relevancia, además, los títulos y las referencias que dan inicio a cada capítulo o sección del libro.
Así, en un ritmo vertiginoso, asistimos a situaciones plenas de acción y suspenso hasta el final, con personajes muy logrados, - a los viejos conocidos se le suman otros -,  con una ambientación acorde a la trama, desde las antiguas iglesias, hasta una persecución en los canales subterráneos, - y con situaciones violentas y de peligro,  del que no escapan los protagonistas - Valentina Negro y Javiér SanJuán -, que sólo actúan conjuntamente en los capítulos finales.
Por último, si bien las historias planteadas se resuelven, los autores, magistralmente, introducen algunos elementos que adelantan lo que suponemos, será parte de la historia de la siguiente novela, razón de más para que nos aboquemos a su búsqueda y a su pronta lectura.






viernes, 22 de marzo de 2019

La lectura de hoy: Crímenes exquisitos, de Vicente Garrido y Nieves Abarca

«Ya se le ha dado bastante a la moralidad, ahora les toca el turno al gusto y las bellas artes».
Del asesinato considerado como una de las bellas artes
Thomas de Quincey



Crímenes exquisitos, de Vicente Garrido y Nieves Abarca es una excelente novela. Un thriller de aquellos, duro, crudo, intenso, apasionante, de esos que no podemos dejar de leer aunque se haga tarde, y que reúne, en sus 800 páginas, lo mejor del género.

Un cruel y sádico asesino, después de torturar y violar a sus víctimas, las estrangula y deja sus cadáveres cuidadósamente expuestos imitando escenas famosas de cuadros, novelas o películas, lo que le vale el mote, dado por la propios investigadores de "el artista".


Pero esta es solo una parte de la trama, como en varias vías de ferrocarril que corren paralelas, hay otras historias: la de un empresario tan poderoso como inescrupuloso y su cruel lugarteniente, la de una periodista ambiciosa en busca de primicias, la de una abogada ávida de poder y dinero , la de jóvenes obligadas a prostituirse, la de viejos policías cansados de luchar en vano y jóvenes policías que, en dos países, -la historia se desarrolla en España e Inglaterra - , cumplen su deber con profesionalismo, en una lucha contra el reloj, para dar caza al criminal e impedir nuevos delitos; la de padres desgarrados por la muerte de su hija, la de un grupo de personas que en secreto practica encuentros sado-masoquistas; y, sobre todo, la de los protagonistas: Valentina Negro, una joven, hermosa, y valiente inspectora de policía, y Javier San Juán, un experto y mediático criminalista.

Todas estas historias confluyen en un relato muy bien armado, pleno de acción y suspenso, con un crescendo dramático por momentos a ritmo vertiginoso, que nos tiene en vilo, donde todas las situaciones que se muestran, desde las más inocuas y cotidianas hasta las más violentas - abundan las descripciones de actos sangrientos y crueles, que podrían desagradar a estómagos sensibles-, tienen su razón de ser y sirven para dar sentido a la trama. Lo mismo ocurre con las referencias a las vidas de los protagonistas, a la relación que mantienen entre ellos, y a la interacción que tienen con el resto de los personajes, algunos de los cuales están brillantemente caracterizados y construidos como seres complejos que, lejos de ser meros partenaires, cumplen roles importantes en distintos pasajes de la trama.

Abundan además, - y también son parte importante de la historia- , citas textuales y alusiones a distintos autores y obras; y, para deleite de los que somos amantes del género, referencias directas a títulos, autores y personajes, desde por ejemplo una visita turística al 221 de Baker Street, o la lectura con la que se entretiene en algún momento la protagonista, - por una de esas coincidencias, Una muerte sencilla, que reseñamos días atrás -, hasta unos capítulos, hacia el final del libro, donde Hitchcock y sus películas juegan un rol fundamental. 

En definitiva, Crímenes exquisitos .- y valga el sentido y el contrasentido del título - , es una excelente obra, que aúna lo mejor del thriller, y que, desde ya, recomendamos, mientras vamos planeando la pronta lectura de las otras novelas de estos autores, que, sin duda, se están haciendo un merecido lugar entre lo mejor de la narrativa policial contemporánea.

"Patricia Janz yacía, pálida, sobre la hierba fría y húmeda del rocío de la mañana. El sol comenzaba a salir atravesando las ojivas de la derruida abadía benedictina con sus tenues rayos de un pálido color amarillento. La luz del amanecer acarició la piel del pie desnudo, inmóvil, de Patricia, que asomaba tras una lápida oscura, ennegrecida por el tiempo. El mar del Norte estaba en calma, aunque en el cielo rosado, nubes negras a lo lejos presagiaban una posible tarde de tormenta."


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