Mostrando las entradas con la etiqueta Patricia Highsmith. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Patricia Highsmith. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de febrero de 2020

La lectura de hoy:Un reloj hace tictac en Navidad, y Sustancia de locura, de Patricia Highsmith

"Christopher volvió a su despacho, su habitación preferida y su dormitorio durante los dos últimos años, pues lo prefería al dormitorio de arriba y al cuarto de los huéspedes. Notó que tenía lágrimas en los ojos, pero se dijo a si mismo que eran lágrimas de frustración y rabia."

Dentro del género policial, Patricia Highsmith ha alcanzado un importante lugar. Además del célebre Tom Ripley, sus novelas y relatos cortos se han caracterizado por la carga dramática, la atmósfera opresiva y la tensión psicológica con las que envuelve a sus personajes.
Eso es lo que ocurre con estos dos  breves relatos aquí presentados.
Partiendo de lo cotidiano, vemos como tras la apacible vida que llevan, la relación de dos matrimonios se resquebraja a partir de un hecho aparentemente normal y anodino, pero que desencadena una serie de situaciones  donde salen a la luz obsesiones, hipocresías, y diferencias que se tornan irreconciliables, que generan un clima de inquietud y de tensión creciente. No vamos a encontrar aquí asesinatos, pero sí, en ambos,  y narrada con una prosa magistral, una atmósfera de esas que se pueden cortar con cuchillo.
El primero de los relatos, Un reloj hace tictac en Navidad, ambientado en París, se inicia cuando una joven mujer, de posición acomodada, se conmueve por un niño que le pide limosna en vísperas de Navidad, y decide ayudarlo. El segundo, Sustancia de locura, planteado con mucho humor negro, y en tono macabro, nos habla de una mujer cuya afición es embalsamar a sus distintas y difuntas mascotas, y exponerlas en los jardines de su casa. 

viernes, 9 de marzo de 2018

Hoy recomendamos: Tom Ripley, de Patricia Highsmith

La literatura policial nos ha brindado muchos detectives famosos, pero, en este caso nos vamos a referir a un criminal, Tom Ripley, protagonista de cinco novelas que ahora podemos ver compiladas en un solo volumen publicado por la editorial Anagrama.
Creado por Patricia Highsmith, fue considerado por ésta, como un suave, agradable y totalmente amoral estafador y asesino en serie que siempre evade la justicia. 
Aparece por primera vez en El talento de Mr Ripley, - llamada también A Pleno Sol luego del estreno de la película homónima, en 1960-, A esta primera novela, donde poco a poco va configurando su personalidad al mismo tiempo que se inicia en la vida delictiva, le seguirán La máscara de Ripley, El amigo americano, Tras los pasos de Ripley, y Ripley en peligro.
Llevado al cine en varias ocasiones, por directores como René Clément, Win Wenders, Anthony Minghella y Liliana Cavani, e interpretado por Alain Delón, Dennis Hopper, Matt Damon y John Malcovich, Tom Ripley, es sin duda, uno de los más famosos criminales de la ficción.

“Antes de empezar a subir los peldaños de ladrillo, Tom se detuvo y miró en ambas direcciones, pero sólo se veía a una vieja que paseaba su perro y a un viejo que, con paso vacilante, doblaba la esquina de la Tercera Avenida. Si había alguna sensación que él odiase, era la de ser seguido, no importaba por quién. Y últimamente, aquello era lo que sentía constantemente. Subió corriendo los peldaños.
Al entrar en su habitación, Tom pensó que la sordidez del lugar sí le importaba ahora. Tan pronto le diesen el pasaporte, embarcaría rumbo a Europa, probablemente en un camarote de primera clase, donde le bastaría tocar un timbre para que acudiesen los camareros a servirle. Se vestiría de etiqueta para cenar y entraría majestuosamente en el comedor del buque, donde conversaría como un caballero con sus compañeros de mesa. Pensó que muy bien podía felicitarse por lo de aquella noche. Se había comportado justo como debía. Resultaba imposible que mister Greenleaf se hubiese llevado la impresión de que la invitación para ir a Europa la hubiese sacado Tom por medio de artimañas. Más bien todo lo contrario. Pensaba no defraudar a mister Greenleaf y hacer todo cuanto pudiera para convencer a Dickie. Mister Greenleaf era tan buena persona que daba por sentado que todos los demás seres humanos lo eran también. Tom casi se había olvidado de que existiera gente así.
Con movimientos lentos, Tom se quitó la chaqueta y se desanudó la corbata. Observaba cada uno de sus movimientos como si fueran los de otra persona. Se sorprendió al ver cuán distintos eran su porte y la expresión de su rostro comparados con los de unas pocas horas antes. Era una de las infrecuentes ocasiones de su vida en que se sentía contento consigo mismo”






miércoles, 7 de marzo de 2018

Hoy recomendamos: Extraños en un tren, de Patricia Highsmith


Un viaje en tren, dos desconocidos, – Bruno y Guy -, comienzan a charlar, compartiendo sus problemas y sus ideas. Cuando el tren llega a su destino, una extraña relación surge entre ellos. La del crimen.
Patricia Highsmith escribió Extraños en un tren, su primera novela, en 1950. Llevada magistralmente al cine por Alfred Hitchcock en 1951, se convirtió en todo un clásico del género policial, y catapultó a su autora como una de las más grandes hacedoras del mismo.



“¡Oiga! ¡Menuda idea se me ha ocurrido! Un asesinato por delegación, ¿comprende? ¡Yo mato a su esposa y usted se encarga de mi padre! Nos encontramos en el tren, ¿comprende?, y nadie sabe que nos conocemos. ¡Nadie! ¡Una coartada perfecta! ¿Qué le parece?
La pared latía rítmicamente delante de sus ojos, como a punto de saltar en pedazos.“Asesinato”
La palabra le ponía enfermo, le daba miedo. Quería alejarse de Bruno, salir del compartimiento, pero se lo impedía una angustiosa sensación de pesadez, como en un mal sueño. Trató de sobreponerse, de afianzarse, enderezando antes la pared, comprendiendo lo que Bruno estaba diciendo, porque presentía que había algo lógico en ello, como en un problema o en un acertijo que tuviera que resolver.
Las manos de Bruno, manchadas de nicotina, daban palmadas y se agitaban sobre las rodillas.
-¡Un par de coartadas a prueba de bomba! – chilló- ¡La mejor idea de toda mi vida! ¿No lo ve? Yo me encargaría de hacerlo cuando usted estuviese ausente de la ciudad y usted, a su vez, haría lo mismo.
Guy lo comprendía. No había ninguna posibilidad de que alguien llegase a descubrirlo, ninguna”.


Destacados

La lectura de hoy: La estrella y la máscara, de D. Berger

  "La madrugada caía fría sobre la gran ciudad. No había nubes en el cielo, y las constelaciones diseñaban diabólicos mapas de mala for...

Páginas que sigo

Etiquetas