Mostrando las entradas con la etiqueta Edgar Allan Poe. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Edgar Allan Poe. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de diciembre de 2018

La lectura de hoy: Velada con tres cadáveres, de Rex Stout

"El la miró. Esa fue la primera vez que lo vi dirigirle una mirada directa y explícita, y como ella se encontraba justamente en la dirección adecuada, pude observarla muy bien. Con semejante mirada, destruía un elemento de su declaración anterior, a saber: que un hombre de su experiencia y de su temperamento, no había posibilidad de que cometiera un asesinato. Porque la mirada que le dirigió a Viola era muy propia para un tipo dispuesto a sacar una cuerda, anudarla al cuello de ella y tirar fuerte. Mas fue tan sólo un destello rápido y perverso de sus ojos, para después volver a enfocar con ellos a Wolfe"

En la literatura policial, hay detectives para todos los gustos. Desde que Edgar Allan Poe creara a C. Auguste Dupin, y A. Conan Doyle a Sherlock Holmes, surgió una tendencia entre los autores clásicos del género, en la que los investigadores debían ser personajes excéntricos, dotados tanto de una gran inteligencia y capacidad de análisis, como de "particularidades" o manías que los destacaban del resto de los mortales.
En este sentido, considero que Nero Wolfe, creación del autor, cumple con creces este rol, al punto de que lo considero uno de los detectives más repulsivos y odiables del género. Claro está que los lectores conocemos al personaje tal como nos lo presenta el narrador, y aquí podemos destacar la genialidad de Stout, ya que, quien narra los casos es Archie Goodwin, - secretario y hombre de confianza de Wolfe - y éste, lejos de cumplir un rol complementario como los Watson o los Capitanes Hastings famosos, es, a mi juicio, el verdadero protagonista de las historias. Y todo lo que sabemos de Wolfe, lo vemos tamizado por la pluma sarcástica y mordaz de Goodwin.
Esta novela comienza cuando una joven mujer pide refugiarse en la residencia de Wolfe durante unos días y éste se niega a ayudarla. Cuando, horas después aparece muerta, Goodwin se impone el deber de dar con el asesino. 
Hay una herencia en juego, varios sospechosos, investigaciones rutinarias por parte de la policía, - que acepta la colaboración de Goodwin- , y otras muertes, antes de que se logre desenmascarar al culpable.
Nos encontramos entonces con una trama que, sin salirse de los cánones tradicionales, es entretenida y plena de suspenso, y el autor nos permite vivenciar, junto con el protagonista, las alternativas de un caso atrapante, pese a que lo tenga como referente a Nero Wolfe.

jueves, 22 de marzo de 2018

Sherlock


Sin lugar a dudas, Sherlock Holmes, el detective creado por Arthur Conan Doyle ( 1859 -1930) es el más famoso de los detectives privados de la literatura ( y luego del cine ) ; y, aún quienes no han leido nada de la obra de Conan Doyle, saben de quien se trata. No fue el primero de los grandes detectives de la literatura, – Edgar Allan Poe había creado a C. Auguste Dupin medio siglo atrás -, pero rapidamente se convirtió en el estereotipo del detective privado, ejemplo a seguir, imitar, copiar, o parodiar, por tantos otros de la novela policial inglesa, hasta que en los 30 y 40, una gabardina y una pistola humeante, desde el otro lado del Atlántico le hizo competencia a la pipa y la gorra de cazador.
Compartimos aquí la primera descripción que de él hace Watson, su compañero, amigo y biógrafo, en “Estudio en Escarlata” 

"No resultaba ciertamente Holmes hombre de difícil convivencia. Sus maneras eran suaves y sus hábitos regulares. Pocas veces le sorprendían las diez de la noche fuera de la cama, e indefectiblemente, al levantarme yo por la mañana, había tomado ya el desayuno y enfilado la calle. Algunos de sus días transcurrían íntegros en el laboratorio de química o en la sala de disección, destinando otros, ocasionalmente, a largos paseos que parecían llevarle hasta los barrios más bajos de la ciudad. Cuando se apoderaba de él la fiebre del trabajo era capaz de desplegar una energía sin parangón; pero a trechos y con puntualidad fatal, caía en un extraño estado de abulia, y entonces, y durante días, permanecía extendido sobre el sofá de la sala de estar, sin mover apenas un músculo o pronunciar palabra de la mañana a la noche. En tales ocasiones no dejaba de percibir en sus ojos cierta expresión perdida y como ausente que, a no ser por la templanza y limpieza de su vida toda, me habría atrevido a imputar al efecto de algún narcótico. Conforme pasaban las semanas, mi interés por él y la curiosidad que su proyecto de vida suscitaba en mí, fueron haciéndose cada vez más patentes y profundos. Su misma apariencia y aspecto externos eran a propósito para llamar la atención del más casual observador. En altura andaba antes por encima que por debajo de los seis pies, aunque la delgadez extrema exageraba considerablemente esa estatura. Los ojos eran agudos y penetrantes, salvo en los períodos de sopor a que he aludido, y su fina nariz de ave rapaz le daba no sé qué aire de viveza y determinación. La barbilla también, prominente y maciza, delataba en su dueño a un hombre de firmes resoluciones. Las manos aparecían siempre manchadas de tinta y distintos productos químicos, siendo, sin embargo, de una exquisita delicadeza, como innumerables veces eché de ver por el modo en que manejaba Holmes sus frágiles instrumentos de física.”

Destacados

La lectura de hoy: La estrella y la máscara, de D. Berger

  "La madrugada caía fría sobre la gran ciudad. No había nubes en el cielo, y las constelaciones diseñaban diabólicos mapas de mala for...

Páginas que sigo

Etiquetas